El central pasa página al horror de su lesión y confiesa disfrutar como nunca en su retorno a la competición

Gabriel Milito se pasó 581 días de baja laboral, desde que su rodilla crujió en una infausta semifinal de Champions League en el campo del
Manchester United. Tras superar una convalecencia que puso a prueba su
moral, el central ha vuelto a hacerse con un puesto en la defensa. El
martes regresó a la Champions, la competición en la que se lesionó.
Una Champions y media después, regresó a la máxima competición. ¿Qué recuerda del partido ante el Manchester United?
Que
era un partido súper importante, partido semifinal, la primera que
jugaba, un campo complicado, un rival difícil y un ambiente
espectacular. Ahora que lo pienso, recuerdo la previa con alegría, pero
del post partido tengo un recuerdo muy malo.
¿Se dio cuenta enseguida de que se había hecho algo tan grave?
No.
En principio creí que no era tanto. Sentí algo raro, pero fue al final
del partido. Al día siguiente, no recuerdo bien, vi que era serio.
En ese tiempo, ¿qué aprendió como jugador y persona?
Que
cuando persigues un deseo, todo es posible. Fue un año y medio difícil
y repleto de complicaciones. Jamás pensé que iba a pasarme algo así y
me tocó, pero siempre perseguí el deseo de volver y tuve la confianza y
la fe de que sería así.
¿Desde el regreso ha notado si los delanteros le han perdido el respeto o le intentan hacer cosas que antes no se atrevían?
No lo noté, pero estoy preparado para lo que haga falta.
¿Y usted, por su parte, se autoexige más que antes para demostrarse que ya está bien?
Mira,
la diferencia es que ahora estoy recuperando la vieja sensación de
jugar a fútbol y los partidos me los tomo con otra mirada. Los disfruto
mucho más.
¿Valora más los pequeños detalles?
Exacto.
Me encanta volver a vivir cosas que antes pasaban desapercibidas. Las
disfruto más porque soy consciente de que me ha costado volver a jugar.
Son cosas que sólo valoras cuando sufres, si no, no las valoras tanto.
Póngame un ejemplo
Me
gusta disfrutar del momento en el que llego al campo en autocar, de
cuando entro en el vestuario, del calentamiento, de la charla, de unas
cosas que antes se me hacían rutinarias. Ahora es como si lo hiciera
por primera vez. Le doy más valor.
Viajar a Alemania y volver a escuchar el himno de la Champions debió de ser emocionante
Sí, claro. Pensé en todo. En lo que me costó volver, y que ya estaba ahí de vuelta.
¿Había tenido algún compañero al que le hubiera pasado algo similar?
En
el Zaragoza viví dos casos y ambos se retiraron. Uno fue César Laínez y
el otro César Jiménez, tras la entrada de Figo. Al primero le fue mal
la recuperación y al segundo le dijeron desde el inicio que era
complicado volver a jugar. Por suerte, mi caso era diferente.
¿Pensó en ellos durante su convalecencia?
Mi operación salió perfecta. Lo que pasaba era que tenía un dolor residual que no paraba.
¿Un deportista de elite lesionado durante un año y medio se convierte en un ser insoportable?
Me
temo que sí. Yo debía ser insoportable, aunque uno siempre quiere
separar la profesión de la casa, pero yo vivo por el fútbol las 24
horas y sufro por perderme un partido. Así que imagínate lo que pasaba
después de tanto tiempo sin poder hacer lo que te gusta.
Y no se buscó una afición nueva. No sé, empezó a hacer sudokus, crucigramas, ganchillo... no sé, algo que le llenara las horas.
¡No,
no, no! Porque no estaba para eso, estaba centrado en la recuperación,
forzaba y cuando las cosas no iban como uno quería se hacía difícil
pensar en otras cosas. A lo único a que me aferré fue a la familia, a
mis hijos, a mi señora. Ellos siempre estuvieron conmigo junto a la
familia de Argentina, que siempre iba y venía. Tampoco puedo olvidar el
apoyo de los profesionales como el doctor Ramon Cugat, que estaba
seguro de que volvería a jugar, y los fisios como Emili, Lorenzo, el
médico y el fisio de la selección.
¿Qué le decían?
Me
repetían una y otra vez que en cuanto se acabara el dolor iba a estar
para jugar. Así ocurrió y hoy estoy perfecto. Por mucho que te puedas
solidarizar, el dolor sólo lo siente uno, va por dentro en el día a día.
¿Tuvo la sensación de que su profesión pasó de jugador a recuperador?
En
efecto. Ahora sé un huevo de musculatura, de huesos de la rodilla y
estas cosas. Lo sé todo, me puede preguntar lo que quieran. Cuando
tienes un problema así no hay otra que afrontarlo, asumirlo y sacarlo
adelante.
Igual le suena la historia. Explica Guardiola que,
cuando estaba lesionado, un día trató de cruzar un semáforo en rojo y
cuando quiso correr para alcanzar la acera la rodilla no le respondió.
¿Sintió algo igual?
Sí que me explicó esta anécdota.
Durante mucho tiempo me costó hacer cosas normales, pero cuando empecé
a correr, por suerte, esta sensación quedó atrás.
Pues hablemos de fútbol y dejo de darle la lata con la lesión. ¿Lo del Calderón fue tan grave?
Para nada. Estamos contentos con el equipo. Por un partido no deben encenderse las alarmas.
Y entonces, ¿cómo explica estas reacciones tras una derrota?
Puede ser que estemos acostumbrados a ganar. Está bien que nos enfademos cuando perdemos porque somos ganadores.
¿Teniendo al Real Madrid como perseguidor, tienen la sensación de que esto se decidirá al final?
En España hay equipos muy buenos, pero los más regulares son Madrid y Barcelona. El Madrid es un gran equipo y aguantará.
Usted ha trabajado con Menotti, ¿encuentra similitudes con Pep?
Tienen mucho que ver. Con ellos sabes que tienes el apoyo del técnico. Eso es fundamental.
¿Se considera el instrumento del entrenador para transmitir sus ideas a los compañeros?
Soy un jugador común y no me siento más que nadie. Además, recién ahora empiezo a jugar
Usted siempre ha mandado más que los demás, ¿no?
Es una ventaja de los defensores y del portero, que somos los que podemos posicionarnos y ayudar a los compañeros.
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