Pep ha sido capaz de darle una nueva vuelta de tuerca a un modelo, el del Barça, que es admirado por todos

Desde la época de Arrigo Sacchi, la llegada de Pep Guardiola ha sido una revolución en el fútbol”. Palabras mayores si tiene en cuenta que se refieren al entrenador que forjó el Milan de Gullit, Van Basten y Rijkaard. Pero además, la sentencia no es de un barcelonista acérrimo, sino de alguien tan madridista como Míchel González, actual entrenador del Getafe. La sentencia da la medida exacta del efecto que ha provocado en apenas un año el técnico de Santpedor, que ayer recibía el reconocimiento de su localidad natal.
Guardiola ha puesto patas arriba el mundo del fútbol, empezando por su propia casa. Cuando el Barça apostó por él como técnico del primer equipo, se cuestionó su capacidad para pilotar un portaviones con tantas vías de agua en lo deportivo y en lo institucional.
La respuesta de Pep fue contundente. Renunció a los ‘cien días de gracia’ y se puso manos a la obra. Dijo que le sobraban Ronaldinho, Deco y Eto’o. A los brasileños los facturó en su primer verano; al camerunés, en el segundo.
Eran decisiones complicadas y que implicaban un serio riesgo, especialmente en el caso de Samuel después de que fuera una pieza clave en la conquista del triplete. Pero Guardiola tenía un plan y no dudó en ejecutarlo.
Después, se dedicó a los que sí contaban. Reorientó a Messi, resucitó a Márquez y Henry, animó a Xavi e Iniesta a dar el paso definitivo y se llevó del filial dos nuevos talentos, Busquets y Pedro. Con estos mimbres, reconvirtió un conjunto derrotado en pentacampeón tras inculcar en el vestuario unos principios básicos: sentido común, trabajo y prevalencia del grupo por encima de las individualidades.
Su siguiente paso, y el que dejará una mayor huella, fue perfeccionar el ‘modelo Barça’. Hace décadas que el juego del equipo parte de la posesión del balón, que se utiliza como arma de defensa y ataque. Guardiola convenció a sus jugadores de que todos debían involucrarse en todas las facetas los noventa minutos. Valdés inicia muchas jugadas y participa en el juego del equipo. Eto’o antes y ahora Ibrahimovic ocupan la primera trinchera cuando hay que defender. El rondo se inicia en la defensa y llega hasta el área rival hasta que alguien puede desequilibrar en una explosión de talento individual.
Las secuelas de la espectacular transformación impulsada por Guardiola fueron la pacificación del club y el estallido del Real Madrid. Mientras Joan Laporta pudo echar tierra sobre la moción de censura, el 2-6 del Santiago Bernabéu hizo saltar por los aires a Vicente Boluda, el presidente interino que heredó el trono de Ramón Calderón, y precipitó el advenimiento del ‘segundo imperio galáctico’ de Florentino Pérez.
El madridismo quedó tan atacado de los nervios que aún hoy, al menor estornudo, se va de urgencias para descartar una pulmonía. El 2-1 frente al Sevilla ha generado ríos de tinta en torno a la ‘cristianodependencia’ y a la capacidad de Manuel Pellegrini para gestionar a los galácticos. Tras invertir 250 millones de euros en fichajes, el Madrid se autoimpuso la obligación de emular el triplete blaugrana, antes de definir a qué quiere jugar.
Mientras, a 600 kilómetros, todos los pretendientes a la poltrona blaugrana intentan capitalizar los éxitos deportivos del último año de cara a las próximas elecciones. Las maniobras preelectorales ya se han desatado dentro y fuera de las oficinas de Arístides Maillol, pero hay un único punto en el que todos, todos los aspirantes, se pondrían de acuerdo en un hipotético debate: Guardiola es el futuro.
La directiva va de cabeza para que renueve su contrato; los aspirantes le sitúan como futuro mánager deportivo a la británica, con plenos poderes. Pep se mantiene imperturbable: se esfuerza porque la plantilla se quede al margen de las intrigas de palacio y aplaza cualquier decisión en torno a su futuro hasta que el socio se pronuncie en las urnas.
¡Necesitas ser un miembro de ComunidadFCB.Com para añadir comentarios!
Participar en ComunidadFCB.Com